El tipo de traje y gomina silba contento para sus adentros “Fly me to the moon” mientras se desliza tranquilo sobre el asfalto recalentado por la locura que del humo de las cabezas que emana el microcentro. Demasiado humo, para ser un fuego que no encienda nada diferente. Sin embargo, el loco va en otra, pensando en como hacer para volver a tener a sus pies a las huellas de su impredecible mujer para el y tan deducible lectora para el director de la revista femenina de moda que ella compra mensualmente.
Entre las finitas arterias del corazón de la capital, el hombre de pensamientos radicados en los sesenta busca pasar la hora de su descanso en un espacio verde entre mentes verdes, que no le transmitan su paranoia por nuevas enfermedades, y libros de la nueva moda literaria: la autoayuda con forma de cuento en moraleja. Ahí el hombre, apretado por la corbata, tomá asiento para ver pasar a los cadetes ricoteros que van de a montones con sus dientes apretados y la simulación barata de voz aguda entonando en coro con el ruido del caño de escape de sus motos: “zambullido en el caldero, es la fatalidad…”
Y así, mas triste que el necrófilo que se enamora de su objeto de investigación, justó con las frases finales del frontman de un grupo internacional que daba el final a su recital que tenia grabado su Walkman, quien prometió haber pasado la mejor noche de su historia junto a ese publico maravilloso que lo acompaño, la hora de descansó se le terminó y así a pesar de que el sol pegue mas fuerte que la adquisición de setenta y cinco pesos de la noche anterior, se va silbando la misma canción de Sinatra con la que llego hasta ahí, camino a la oficina a decirle mentiras complacientes que se amalgamen a los tímpanos del jefe, como la que le dijo el cantante a su gente.
viernes, 16 de enero de 2009
El exilio de Babylon Vol. III
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